marzo 3, 2026

Radiografía 2025: la informalidad cede en ciudades, se enquista en el campo

Microempresas: 84,7% de informalidad frente a 2,6% en grandes.

Colombia registró 55% de informalidad en julio–septiembre 2025, 0,8 puntos menos que un año antes. El descenso suma 4,2 p.p. desde 2021, confirmando una tendencia a la baja que, sin embargo, convive con focos estructurales. 

El alivio se explica por la dinámica del empleo y la mayor densidad de cotizantes en las grandes ciudades, mientras que las áreas rurales y pequeños municipios mantienen una estructura de ocupación independiente, de baja productividad y con baja cobertura de seguridad social.

Brechas territoriales
En el rural disperso la informalidad llega a 83,4%; en las 13 principales ciudades, a 41,6%. La diferencia sugiere que la política debe ser territorial: en ciudades se afianzan instrumentos de inspección y afiliación, mientras que en zonas rurales la prioridad pasa por diversificar encadenamientos y formalizar micronegocios. 

Mapa urbano: extremos de la curva
Sincelejo (69,1%), Montería (66,0%) y Valledupar (65,4%) lideran la informalidad urbana; Bogotá (33,0%), Manizales (36,5%) y Tunja (38,5%) marcan el piso. La composición sectorial —comercio por cuenta propia, oficios personales y ventas ambulantes.

Empresas: el factor tamaño
El 84,7% de la ocupación en microempresas es informal, frente a 5,0% en medianas y 2,6% en grandes; un diferencial que refleja costos fijos, trámites y capacidad de cumplimiento. En ese contexto, la transición a la formalidad demanda regulación simple, costos graduales y acompañamiento. 

 La brecha por género —57,4% hombres, 51,6% mujeres— apunta a barreras distintas: ellos concentran oficios de baja regulación en calle, ellas en servicios personales y comercio; ambos con cobertura incompleta en salud y pensión. Políticas de cuidado y emprendimiento formal pueden cerrar la distancia. 

El trimestre analizado coincide con una desocupación entre 8,5% (trimestre móvil) y 8,2% (mes), lo que sugiere que parte de la mejora en informalidad se da junto con mayor ocupación formal en urbes. El reto: que el avance no sea solo cíclico, sino estructural. 

 Experiencias locales muestran resultados cuando se combinan bancos de tiempo, formalización simplificada, ferias de afiliación a seguridad social y espacios públicos regulados para vendedores. Falta escalar acompañamiento productivo, digitalización y compras públicas a Mypes formales.

 Un freno económico o aumentos en costos no salariales podrían revertir parte del avance. Además, el ajuste estadístico puede elevar el número absoluto de informales aunque baje la proporción, si la ocupación total crece más rápido. 

 Menos informalidad implica más aportes a sistemas de salud y pensiones, mayor acceso a crédito y productividad para negocios que salen de la sombra regulatoria. A su vez, eleva la recaudación territorial asociada a actividad formal. 

Pero el núcleo rural y los corredores urbanos con comercio de subsistencia seguirán presionando la cifra. Allí, la política pública deberá priorizar ingresos mínimos vinculados a formalización, simplificación tributaria y inspección inteligente.

 La foto de 2025 muestra una Colombia menos informal que hace cuatro años, aunque con bolsas duras en Caribe y rural. Lo decisivo será transformar el repunte en una travesía de largo aliento hacia empleos con protección y productividad