La sede abierta en Aquaverse exigió adaptación de cadencia y estabilidad.
La salida de Vanessa Pulgarín en Pattaya permite una lectura más allá del impacto visual: hubo técnica. En pasarela de baño, los jurados suelen valorar postura vertical, eje estable y transición limpia entre poses. Pulgarín administró bien la cadencia; marcó hombros, controló el braceo y evitó desplazamientos laterales excesivos, factores que elevan la percepción de “reina de escenario” en superficies irregulares.
El contexto también importó. El Swimsuit Fashion Show se realizó en un parque acuático abierto, con temperatura y humedad características de la costa tailandesa. Eso pone a prueba el control respiratorio y el manejo del brillo facial. La colombiana optó por la gestualidad contenida y una sonrisa sostenida, sin sobreactuar, lo que favoreció la sensación de serenidad.
En términos de styling, el verde neón no solo dialoga con tendencias de alto contraste; sobre fondos azules y magentas del set, incrementa separación del sujeto en cámara, mejorando la lectura fotográfica. El peinado con ondas amplias añadió movimiento sin comprometer el eje del cuello.
El giro inicial —breve y sin perder paso— permitió a Pulgarín “firmar” la escena. Ese signature move suele ser recordado por público y comentaristas, y puede convertirse en activo narrativo cuando se compila material de resúmenes y recaps.
El capital biográfico pesa: a los 34, con experiencia en certámenes y formación en comunicación, Pulgarín trae control emocional de escenario y un discurso consistente. En Miss Universe, la coherencia entre mensaje y performance viene ganando peso, y su narrativa de bienestar y deporte es clara y verificable.
Comparativos regionales ubican a Colombia en conversación con bloques fuertes (Filipinas, Brasil, Ecuador). En 2025, con más de 120 delegadas, el corte a 30 semifinalistas exige regularidad entre entrevista, traje típico y preliminar. El desempeño en Pattaya le compra “seguridad simbólica” de cara a esa fase.
A nivel mediático, el efecto fue inmediato: picos de interacción en Instagram y Facebook, clips replicados por medios latinoamericanos y asiáticos, y menciones en listados de favoritas. En la era de consumo corto, la combinación de look, técnica y signature move suele detonar engagement por encima de tres segundos, umbral clave para la retención.
Logísticamente, Miss Universe 2025 transita entre Phuket, Pattaya y Bangkok. La estructura de agenda favorece la exposición paulatina de las candidatas. El Swimsuit Show —aunque no puntúa como la preliminar— funciona como “termómetro” reputacional y abona el terreno para la entrevista privada.
Para Colombia, la hoja de ruta inmediata exige mantener consistencia de piel, descanso y voz para entrevista, además de ajustes finos en ritmo y cierre de poses. Los detalles, más que las florituras, inclinan los puntajes cuando la competencia está apretada.
El insight: en escena abierta y colorida, Pulgarín eligió lectura sobria y técnica. Ese balance, más que lo estridente, es el que suele sostenerse a lo largo de una semana de competencia.
Predicciones regionales añadieron a Colombia en bloques de “posibles finalistas”, mientras entrenadores valoran el control de hombros y la economía gestual. En audiencias hispanas, la conversación giró a la expectativa de entrevista y preliminar, con lecturas positivas del timing de su sonrisa y su cierre de pasarela.
Para la organización, el éxito del show en Aquaverse consolida a Tailandia como sede de alto impacto visual y turismo de entretenimiento, narrativa que se verá reforzada con traje típico y los ensayos en Bangkok.
Más que un pico aislado, la pasarela de Vanessa Pulgarín sugiere un método. Si ese método se replica en entrevista y preliminar, Colombia podría confirmar su presencia en el Top 30.

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