El retraso del decreto que ordena el pago de la bonificación anual mantiene en vilo a decenas de miles de funcionarios de la rama judicial, que aún no reciben el dinero correspondiente a 2025
Mientras el calendario se acerca al cierre de 2025, miles de funcionarios de la rama judicial siguen a la espera de una noticia que no llega: la expedición del decreto que les asegura el pago de su bonificación anual. La norma, que cada año debe firmar el Gobierno Nacional, sigue sin emitirse, a pesar de que el país ya completó once meses de actividades y solo faltan seis semanas para terminar el año fiscal. La situación fue puesta bajo la lupa por la Contraloría General de la República, que decidió hacer pública su preocupación por el impacto que este retraso tiene tanto en las personas como en las cuentas del Estado.
La entidad de control recuerda que detrás de la cifra de 59.000 trabajadores judiciales hay historias de jueces, magistrados, empleados de despachos y servidores administrativos que cuentan con esa bonificación para cubrir compromisos familiares, créditos y gastos de fin de año. Aunque se trata de un pago previsto en la normatividad y reconocido como un derecho dentro del paquete salarial, el dinero no ha llegado a las cuentas de los funcionarios porque el decreto que lo autoriza todavía no ha sido firmado por el Ejecutivo. Para la Contraloría, este retraso afecta de manera directa el derecho de los trabajadores a recibir su salario y prestaciones en los términos establecidos por la ley.
No es la primera vez que las entidades afectadas le piden al Ministerio de Hacienda y al Gobierno que adelanten las apropiaciones presupuestales necesarias para hacer efectivo el pago. Según explicó la Contraloría, ya ha habido solicitudes formales para que se dispongan los recursos y se activen los trámites administrativos y financieros que permitirían girar la bonificación antes de que termine el año. Sin embargo, la ausencia de un decreto firmado mantiene congelado el proceso y aumenta la sensación de incertidumbre entre los servidores judiciales, que no saben si recibirán el dinero en diciembre o si deberán esperar hasta la próxima vigencia.
El pronunciamiento de la Contraloría no se limita a la dimensión laboral. El órgano de control advirtió que la falta de una decisión oportuna también puede generar consecuencias para la estabilidad de las finanzas públicas. Si el decreto se expide después de cerrar el año fiscal, las obligaciones por concepto de bonificación se convertirían en pasivos contingentes, que habría que cubrir con recursos no previstos en el presupuesto de 2025. En otras palabras, lo que hoy es un derecho reconocido pero no pagado podría transformarse mañana en una carga adicional que el Estado tendrá que asumir en condiciones más complejas.
La acumulación de estos compromisos, que aún no se reflejan plenamente en las cuentas oficiales, también pone en riesgo el principio de sostenibilidad fiscal, según la advertencia del propio órgano de control. Para la Contraloría, el desfase entre lo presupuestado y lo que en realidad debe pagarse abre una brecha estructural que amenaza la coherencia del gasto público y puede generar impactos negativos sobre la regla fiscal del sector justicia. En la práctica, esto puede obligar a recortes en otros programas, reasignaciones de recursos e incluso a la priorización de pagos, con efectos concretos en la prestación del servicio de justicia.
El llamado de la Contraloría apunta a que el Gobierno actúe con eficiencia y evite que el problema se agrave. La entidad recalcó que la falta de planeación oportuna puede derivar en reprocesos contables, duplicidad de trámites y costos adicionales por intereses o eventuales sanciones, todos ellos síntomas de un uso poco eficiente de los recursos del Estado. Un eventual pago tardío no solo sería más costoso, sino que enviaría una señal equivocada sobre la capacidad institucional de responder con rapidez a las obligaciones laborales que tiene con sus propios funcionarios.
Mientras tanto, en los despachos judiciales del país crece la preocupación. Aunque el pronunciamiento de la Contraloría respalda el reclamo de los trabajadores y presiona al Ejecutivo para que se apure en la expedición del decreto, lo cierto es que, por ahora, no hay una fecha oficial para el pago de la bonificación. En este contexto, los sindicatos y asociaciones de la rama judicial siguen atentos a las decisiones del Gobierno y del Ministerio de Hacienda, conscientes de que cada día de retraso afecta la economía de miles de familias y suma presión a unas finanzas públicas ya tensionadas por múltiples compromisos.
El debate por la bonificación atrasada de los funcionarios de la rama judicial se ha convertido en un punto clave para entender la relación entre derechos laborales, gestión presupuestal y sostenibilidad fiscal en Colombia. La advertencia de la Contraloría obliga al Gobierno a definir pronto si expedirá el decreto antes de finalizar el año y cómo garantizará el pago a los 59.000 trabajadores. Lo que está en juego no es solo un beneficio económico, sino la confianza en la administración de recursos públicos, la credibilidad del Estado frente a sus empleados y la estabilidad financiera del sector justicia, temas que seguirán marcando la agenda noticiosa y el debate público en los próximos días.

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