marzo 2, 2026

Entre consulta y legalidad: la justicia invalida la vía que llevó a Múnera al cargo

El CSU deberá armonizar el fallo y la gobernabilidad del campus.

El pulso por la rectoría de la Universidad Nacional llegó a su punto de inflexión: la anulación del nombramiento de Leopoldo Múnera por decisión del Consejo de Estado. La tesis central del tribunal es jurídica y nítida: el CSU no podía reabrir un proceso ya decidido para emitir un segundo acto definitivo.

La sentencia restituye el principio de intangibilidad del acto administrativo firme: si el CSU eligió a José Ismael Peña en marzo de 2024, solo un juez podía desmontar esa decisión. La “corrección” posterior, amparada en normas de saneamiento procedimental, no aplica una vez se expide el acto definitivo.

El choque de legitimidades consulta universitaria que favoreció a Múnera versus legalidad formal del primer acto  enmarcó un conflicto que desbordó la vida académica con protestas, tomas y suspensión de actividades. El fallo devuelve la discusión al eje del debido proceso y de las competencias.

En términos institucionales, la decisión aclara el límite de la autonomía: las universidades públicas gozan de autogobierno, pero dentro del Estado de Derecho. Autonomía no equivale a autarquía; no habilita a un órgano a revocar por sí mismo un acto definitivo.

Para la comunidad, el dictamen abre preguntas operativas: ¿vuelve Peña o el CSU nombra a otro rector? Aunque medios reportan que Peña se alista para asumir, sectores sostienen que el Consejo universitario debe resolver el encaje práctico del fallo con la situación vigente.

El episodio deja lecciones de gobernanza: 1) la consulta como mecanismo de participación necesita reglas claras sobre su peso jurídico; 2) las decisiones del CSU deben blindarse con técnica normativa para evitar litigios; 3) el Ministerio debe actuar como garante sin interferir en la autonomía.

Comparado regionalmente, fallos que restituyen actos iniciales no son raros cuando se detectan excesos de competencia. El caso UNAL se convierte en precedente sobre cómo balancear legitimidad social y legalidad en nombramientos de alta dirección académica.

En el corto plazo, la prioridad es asegurar continuidad académica: calendario, procesos de matrícula, contratación docente y ejecución presupuestal. En el mediano, reconstruir confianzas internas y un pacto de campus que evite que la rectoría sea rehén de mayorías circunstanciales.

Las organizaciones estudiantiles afines a Múnera anunciaron asambleas y no descartan paro si se materializa el retorno de Peña. Exrectores y profesores cercanos al primer acto piden cumplir la sentencia y normalizar de inmediato.

Peña afirmó que asumirá cuando el fallo quede ejecutoriado; Múnera dijo que acatará pero cuestionó el trato diferenciado a los dos CSU. La Rectoría y el CSU alistan un plan de transición para el escenario que defina menores costos institucionales.

El veredicto despeja la incertidumbre jurídica, pero no la política. La UNAL tiene la oportunidad de traducir el fallo en reglas claras y participación con efectos ciertos. Solo así la autonomía recuperará su legitimidad.