El consumo avanza 5,7%, pero la inversión y el sector externo moderan.
El crecimiento de 3,6% del PIB en el 3T-2025 marca la mejor lectura en tres años. Detrás del titular hay una composición que sugiere reactivación de la demanda interna, pero también dependencia fiscal y vulnerabilidad externa. En lo corrido del año, el avance es 2,8%.
El motor más visible fue el consumo final (+5,7%), en el que el gasto público jugó un rol protagónico. El DANE atribuye parte del impulso a nómina y primas en fuerza pública y a procesos logísticos y administrativos de la Registraduría por el calendario electoral.
Por el lado de la oferta, Administración pública, educación y salud crecieron 8,0% (aporte 1,3 pp). Comercio, transporte, alojamiento y comida aumentaron 5,6% (aporte 1,2 pp), favorecidos por mayor venta de electrónicos y vehículos. Manufactura subió 4,1% con ajuste estacional por fin de año.
En el lado rezagado, minería (-5,7%) y construcción (-1,5%) restaron al dato, reflejando choques previos de producción, precios internacionales menos favorables y una inversión todavía contenida en vivienda y obras no residenciales.
La formación bruta de capital creció 2,2%, aún por debajo de lo deseable para una expansión sostenida. El sector externo restó, con importaciones +10,0% superando a exportaciones +2,2%, signo de demanda interna que se satisface en parte con bienes importados y de un entorno externo que no despega.
Comparado con 2024, la mejora es consistente con el repunte del ISE durante 2025 y con una inflación que, aunque más baja que su pico, sigue condicionando el poder de compra. Aun así, el dato sorprende al alza frente a encuestas de analistas.
El debate macro gira en torno a sostenibilidad fiscal: voces empresariales celebran la sorpresa positiva pero alertan sobre un “sesgo fiscal” del crecimiento. Con reglas fiscales exigentes y una presión de gasto social y pensional al alza, el margen para sostener ese impulso es acotado.
En política monetaria, algunos bancos prevén tasas estables de corto plazo, mientras observan señales mixtas: demanda firme, inversión tibia y déficit externo que puede ampliarse si las importaciones siguen aceleradas. La trayectoria desinflacionaria y la inversión en infraestructura serán determinantes en 2026.
En la comparación internacional, el 3,6% sitúa a Colombia entre los mejores desempeños de la región y de varios miembros de la OCDE en el trimestre, aunque la composición—más pública que privada—difiere de economías que crecieron con mayor exportación e inversión.
El 3,6% es una buena noticia y una alerta a la vez. Para que el impulso perdure, harán falta reformas proinversión, mejor productividad y certidumbre regulatoria que permitan que el crecimiento deje de depender del ciclo del gasto público.

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