marzo 2, 2026

La Iguaná bajo presión: el ataque al sobrino de “Cuco” Vanoy reaviva viejas disputas

La moto abandonada en Betania aporta pistas a la Fiscalía.

El atentado contra Mauricio Vanoy Bohórquez en La Iguaná no es un episodio aislado. El uso de motocicleta, el acercamiento a la ventanilla y la rápida fuga replican patrones del sicariato urbano en corredores con salida hacia la comuna 13. La moto abandonada en Betania introduce un rastro material que la Fiscalía cruzará con bases de datos de tránsito y cámaras LPR.

La hipótesis que gana tracción apunta a disputas por economías extractivas en el Bajo Cauca. En esa subregión confluyen minería legal e ilegal, rentas del oro y redes de lavado. Investigar la trazabilidad financiera de la víctima, hoy en UCI,  será crucial para entender si hubo retaliación o cobro de cuentas.

Los antecedentes del entorno familiar pesan en el análisis. En 2008 asesinaron a un hermano de “Cuco” Vanoy en Tarazá, y ese mismo año balearon a su hijo en Cundinamarca. En 2012 fue asesinado su cuñado en Envigado. Aunque cada caso tuvo su contexto, dibujan un patrón de alto riesgo para parientes del exjefe del Bloque Mineros.

La elección del lugar no es menor: La Iguaná conecta el centro con el noroccidente y desemboca en zonas con presencia histórica de combos urbanos que hoy se articulan o compiten por control de corredores y extorsiones. La cercanía con San Javier facilita rutas de escape por laderas y barrios densos.

En lo forense, la balística de proyectiles extraídos y el análisis de trayectorias dentro del vehículo podrán medir distancias y posición del tirador, mientras que el estado de la ventanilla y las huellas en manubrios y carrocería de la moto reconstruirán participación de los autores. El hallazgo de la moto reduce la brecha de impunidad si hay coincidencias de huellas o piezas seriadas.

En el tablero macro, el nombre “Cuco” Vanoy reapareció en debates sobre “paz total”, junto a otros exlíderes paramilitares, abriendo discusiones sobre verdad, reparación y garantías de no repetición. Que un familiar directo sea víctima de un ataque violento en Medellín devuelve el foco a los pendientes de seguridad urbana y de economías ilegales en expansión.

La respuesta institucional combina patrullajes, cámaras y articulación con inteligencia para identificar posibles “campaneros” y rutas logísticas. A la par, organizaciones de la zona piden controles a parrilleros y motos gemeleadas, medidas recurrentes tras picos de sicariato.

Si la línea minera se confirma, el caso retrataría la interdependencia campo-ciudad: decisiones, deudas y conflictos gestados en el Bajo Cauca que se dirimen con balas en la capital de Antioquia. La evidencia que se sume en las próximas 72 horas será clave para evitar una espiral de retaliaciones.

La Alcaldía activó un Puesto de Mando Unificado de seguimiento y ofreció apoyo psicosocial a la acompañante herida. Comerciantes de la zona reportaron caída temporal en el flujo nocturno tras el cierre de la vía y piden mantener presencia policial visible en horarios críticos.

Analistas en seguridad consultados señalan que hechos como este presionan ajustes operativos: más cámaras en ejes de escape, incentivos por información y control de autopartes para rastrear motos usadas en sicariatos. El reto, advierten, es sostenerlo en el tiempo y judicializar con pruebas sólidas.