marzo 2, 2026

Del dicho al hecho: ¿qué falta para que fluya el gas Venezuela–Colombia?

El anuncio choca con cuellos de botella técnicos y jurídicos.

El anuncio del presidente Nicolás Maduro “la primera exportación de gas a Colombia está lista” reabre un expediente complejo donde técnica, regulación, geopolítica y mercado deben alinearse. La infraestructura existe: el gasoducto Antonio Ricaurte. La pregunta es cuándo y en qué condiciones podrá fluir gas comercial y medible hacia Colombia.

Primero, la integridad de la línea. Tras años sin operar en el sentido Venezuela-Colombia, se requieren pruebas hidrostáticas, verificación de válvulas, trampas de diablos, sistemas de medición (fiscal metering) y SCADA. Ecopetrol ha hablado de “periodo de estabilización”. Sin ese check-list, no hay aceptación operativa.

Segundo, el marco de sanciones. Las OFAC condicionan operaciones con empresas estatales venezolanas. Aunque ha habido ventanas temporales, la compra, los pagos y la bancarización necesitan licencias o estructuras que no expongan a riesgo legal a compradores, transportadores y aseguradoras.

Tercero, los contratos y la firmeza. El sector demanda claridad sobre volúmenes, calidad BTU, presiones, ventanas horarias, penalidades y precio indexado (Henry Hub/Brent y diferenciales). Contratos interrumpibles no dan señales suficientes para respaldar generación térmica o industria.

Cuarto, la competencia con LNG. Con regasificadoras y cargamentos spot, el gas importado compite si el costo nivelado del ducto, más transporte interno y peajes, es inferior o equivalente. El diferencial logístico puede ser ventaja… si la línea opera estable.

Quinto, la política doméstica. Colombia discute su dependencia externa mientras acelera costa afuera y recobro en campos maduros. Un suministro binacional puente puede ayudar, pero sin sustituir la necesidad de nueva oferta local.

Históricamente, el Antonio Ricaurte operó de Colombia a Venezuela hasta 2015. Los planes de reversión se aplazaron por estrés financiero de PDVSA y el entorno sancionatorio. En 2025, PDVSA Sucursal Colombia comunicó intención de transportar desde diciembre de 2025, sujeta a reparaciones.

El anuncio de Maduro crea momentum político, pero el mercado leerá hechos verificables: boletines operativos, nominaciones y curvas de presión/flujo. Semanas de pruebas y ramp-up suelen preceder cualquier entrega comercial.

Comparativamente, gasoductos transfronterizos en la región han afrontado delays por ambiental, consulta previa y capex O&M. La lección: la transparencia del cronograma y la coordinación binacional reducen la prima de riesgo.

Gremios piden una hoja de ruta pública con hitos: prueba de integridad, licencia de pagos, tarifas de transporte y start-up. Las generadoras térmicas demandan firmeza real para respaldar obligaciones de energía firme.

Políticamente, el anuncio incentiva narrativas contrapuestas: integración vs. dependencia. Para el usuario final, lo relevante será precio y continuidad: un gas barato pero intermitente no resuelve la seguridad energética.

La válvula puede abrirse, pero solo los datos operativos valen más que los discursos. Cuando haya flujo estable, medido y pagado, el corredor habrá regresado.