La infraestructura crítica enfrenta una nueva ola de amenazas.
El atentado contra una torre de transmisión en Cajibío (Cauca), denunciado por la Compañía Energética de Occidente (CEO), ilustra el desplazamiento de la violencia hacia activos estratégicos. La empresa aseguró que sostuvo la continuidad del servicio con maniobras de suplencia mientras aguarda condiciones para inspeccionar el daño en el sector de Chayani.
Lo sucedido se inserta en un patrón mayor: la adopción de drones con explosivos por parte de estructuras ilegales para hostigar objetivos policiales y, colateralmente o de forma directa, afectar infraestructura. En la misma zona, reportes periodísticos describieron la caída de un dron con carga sobre una finca, hecho que habría impactado una torre eléctrica.
¿Por qué la electricidad es un blanco atractivo? Porque las líneas de transmisión concentran valor estratégico: su afectación genera efectos multiplicadores, puede interrumpir la producción y desorganiza la logística local. Aunque Colombia ha invertido en redes redundantes, la topografía, la extensión y las zonas de difícil control hacen costosa su protección permanente.
En términos de gestión de riesgo, el incidente de Cajibío confirma que los operadores deben fortalecer el monitoreo remoto, uso de sensores y protocolos de acceso seguro. La imposibilidad de ingresar a inspeccionar —según indicó la compañía— retrasa el diagnóstico y la priorización de recursos para reparación o reemplazo de componentes críticos.
El costo económico de estos ataques no se reduce al valor de la estructura. Incluye desplazamiento de cuadrillas, contratación de escoltas, logística de equipos pesados y eventuales compensaciones por calidad del servicio. A nivel financiero, múltiples atentados presionan el CAPEX de reposición y pueden impactar tarifas si la regulación reconoce costos adicionales
La evidencia internacional y nacional sugiere que la proliferación de drones de bajo costo ha ampliado la superficie de ataque sobre infraestructuras. En 2025, medios registraron decenas de eventos con artefactos modificados, un desafío que obliga a combinar inteligencia, inhibidores selectivos y coordinación interinstitucional.
En el plano regional, emisoras locales advirtieron que la afectación en Chayani podría comprometer a un número significativo de usuarios si la estructura colapsa o si se requiere sacar de operación la línea para trabajos mayores. Por ahora, el suministro se mantiene nivelado por la contingencia que activó el operador.
Además del daño directo, existe un efecto reputacional: los ataques reiterados desgastan la confianza de usuarios y empresas sobre la resiliencia del sistema. Esta percepción impacta decisiones de inversión y puede trasladar proyectos hacia zonas consideradas más seguras.
El caso Cajibío debería acelerar mesas técnicas entre industria, autoridades y Fuerza Pública para priorizar tramos sensibles, ensayar protocolos anti-drone y revisar la cobertura de seguros frente a terrorismo y sabotaje, rubros que encarecen la operación en regiones críticas.
A la espera de dictámenes técnicos, la empresa mantiene su posicionamiento: proteger la vida, garantizar la continuidad y preservar la integridad de la infraestructura. La siguiente fase dependerá de la seguridad en terreno y del alcance real de las afectaciones.
El gremio energético repudia la agresión y alerta que la repetición de eventos similares eleva la probabilidad de cortes si coinciden con mantenimientos o picos de demanda. Expertos en seguridad infraestructural proponen zonificación de riesgo, vigilancia comunitaria y detección temprana de sobrevuelo de drones.
Autoridades locales anunciaron acompañamiento para facilitar el ingreso de brigadas y pidieron a la ciudadanía no acercarse al área. La investigación buscará establecer autores y móviles, en un departamento que este año ha sufrido múltiples agresiones coordinadas.
El ataque en Cajibío confirma que la seguridad energética es un asunto de seguridad pública. Blindar líneas y subestaciones requerirá inversión sostenida y coordinación táctica. Hoy el servicio continúa, pero la resiliencia del sistema se pondrá a prueba en la reparación y en la capacidad de anticipar nuevos intentos.

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