marzo 2, 2026

Del narco a la lista negra antiterrorista: el alcance del nuevo golpe de EE. UU. al Cartel de los Soles

Colombia, el Caribe y la región miran de cerca los efectos de esta decisión.

La decisión de Estados Unidos de designar al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera marca un salto cualitativo en la forma en que Washington aborda al entramado criminal que, según sus evaluaciones, opera desde el poder venezolano. Hasta ahora, la respuesta se había centrado en sanciones individuales, acusaciones por narcotráfico y medidas financieras; con la nueva figura, la red pasa a ser tratada al mismo nivel que grupos armados y organizaciones terroristas transnacionales. 

En la práctica, la designación consolida un relato oficial que presenta al gobierno de Nicolás Maduro no solo como un actor autoritario, sino como el eje de un narcoterrorismo de Estado. El Departamento de Estado sostiene que el Cartel de los Soles dirige operaciones de tráfico de cocaína, financia violencia y apoya a otros grupos señalados como terroristas, entre ellos el Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa. Con esta narrativa, EE. UU. justifica un abanico de acciones que van desde procesos judiciales hasta el despliegue militar en el Caribe. 

Desde la óptica legal, el paso es significativo. La categoría de FTO permite aplicar de forma más amplia figuras como el delito de apoyo material a organizaciones terroristas, que contempla penas de hasta 20 años de prisión —o cadena perpetua si hay víctimas mortales— para quienes brinden recursos, servicios, entrenamiento o financiamiento al grupo designado. Esta herramienta se ha utilizado en el pasado contra simpatizantes de grupos yihadistas, milicias pro iraníes y organizaciones insurgentes en distintas regiones del mundo. 

En el frente financiero, la medida refuerza las sanciones previas del Tesoro estadounidense, que ya había señalado al Cartel de los Soles como entidad terrorista global especialmente designada. Ello facilita el congelamiento de activos, el bloqueo de transacciones y la presión sobre bancos y empresas que pudieran tener vínculos directos o indirectos con la red. También crea incentivos para que otros países y organismos multilaterales adopten sanciones similares. 

Sin embargo, la decisión no está exenta de controversia. Sectores académicos y organizaciones especializadas en crimen organizado subrayan que el concepto de Cartel de los Soles ha sido, desde sus orígenes, una etiqueta amplia que engloba prácticas corruptas y redes de contrabando vinculadas a militares y funcionarios venezolanos, más que una estructura criminal unificada como las mexicanas. Para algunos analistas, trasladar esa categoría al terreno del terrorismo podría reforzar la dimensión política de la medida. 

En el plano regional, la designación se inscribe en una tendencia más amplia: el uso de la etiqueta de terrorismo para enfrentar a cárteles y megabandas. En 2025, el propio gobierno estadounidense incluyó en su lista de organizaciones terroristas a grupos como el Tren de Aragua y varias bandas mexicanas, argumentando que sus acciones superan el umbral del crimen organizado y constituyen amenazas directas a la seguridad nacional. 

La decisión también dialoga con movimientos políticos en América Latina. Parlamentos como el de Colombia ya habían declarado al Cartel de los Soles como organización terrorista, y países como Argentina y República Dominicana han emitido decretos o pronunciamientos en los que se refieren al grupo en términos similares. La designación de Washington podría servir como respaldo a estas posturas y, al mismo tiempo, aumentar la presión sobre gobiernos que buscan mantener canales de diálogo con Caracas. 

El despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford y de otros recursos militares en el Caribe añade una capa geopolítica compleja. Aunque Estados Unidos justifica la operación como una respuesta al narcoterrorismo, la presencia naval en una zona cercana a Venezuela es interpretada por expertos como una señal de fuerza dirigida a Maduro y a sus aliados, más aún en un contexto en el que la Casa Blanca no descarta “todas las opciones” en su política hacia el país sudamericano. 

En este escenario, la designación del Cartel de los Soles plantea interrogantes sobre sus efectos reales en la reducción del narcotráfico. Investigadores recuerdan que, en experiencias previas, la presión sobre un grupo puede generar reacomodos en el mapa criminal, desplazamiento de rutas y la aparición de nuevos intermediarios. No está claro si el golpe legal y financiero a una red vinculada al Estado venezolano derivará en una disminución del flujo de drogas o, por el contrario, en mutaciones más opacas y difíciles de rastrear. 

Finalmente, la medida profundiza la ya deteriorada relación bilateral entre Washington y Caracas y puede complicar los esfuerzos de mediación impulsados por actores internacionales. La etiqueta de terrorismo tiende a cerrar espacios de negociación y a elevar los costos políticos de cualquier acercamiento futuro. Mientras tanto, la población venezolana continúa enfrentando una crisis económica y humanitaria de larga data, en la que las disputas entre el gobierno y la comunidad internacional se superponen a necesidades urgentes que siguen sin respuesta.