marzo 2, 2026

Unidad vs. fragmentación: la apuesta que Miguel Uribe celebró

Sin método común, la dispersión puede costar la segunda vuelta.

La oposición tiene dos problemas: demasiadas caras y poco método. La propuesta de encuesta nacional de Abelardo De la Espriella —y el aplauso público de Miguel Uribe— ponen sobre la mesa un procedimiento para resolver lo primero y una señal política para resolver lo segundo. 

El timing no es casual: hacia fin de año, las campañas cierran nóminas, ajustan narrativas y afinan recaudo. Fijar el 10 de diciembre como límite da disciplina a los equipos y reduce incentivos a negociaciones de último minuto que suelen romperse en el conteo final. 

La logística de primarias exige recursos, registraduría y acuerdos legales; una encuesta auditada es más rápida y barata. El riesgo: que los perdedores cuestionen metodología o sesgos de recolección. El beneficio: entrar a 2026 con un nombre y un programa mínimo común.

Coaliciones opositoras en la región han usado encuestas o elecciones internas para ordenar la oferta. Cuando falla la coordinación, el voto se atomiza y la primera vuelta castiga. Colombia no es inmune a esas curvas.

El guiño de Miguel Uribe a la unidad busca activar conversaciones entre campañas con base social similar, desde corrientes del Centro Democrático hasta independientes de línea dura en seguridad y economía, temas bandera del discurso de De la Espriella. 

La izquierda avanza en su propio ordenamiento con figuras como Iván Cepeda; si se consolidan temprano, el incentivo para que la oposición se alinee aumenta. La asimetría de tiempos suele ser clave en las encuestas de arranque.

Un mal diseño puede convertir la encuesta en combustible de división. Se necesitan muestras robustas, reglas de entrada claras (¿quiénes compiten?), y un pacto de aceptación firmado por todos.

El método prioriza la viabilidad electoral sobre discusiones interminables de egos. La foto del Movistar Arena como lanzamiento fortalece la idea de momentum: primero el cómo, luego el quién.

Economía, seguridad y costo de vida seguirán dominando la agenda. Unificar candidatura sin un plan de gobierno —más allá de la anti-Petro— sería una victoria a medias.

 Dirigentes y bases piden “competencia leal” y encuestadoras con veeduría independiente. En privado, estrategas reconocen que, si no hay método antes de fin de año, cada equipo apostará a alianzas de segunda vuelta, un juego más incierto y caro.

Para el Centro Democrático, la opción de encuesta puede convivir con acuerdos internos previos y, de ser necesario, con una consulta interpartidista en 2026. El mapa está abierto, pero el reloj corre.

 Sin método no hay mensaje, y sin mensaje no hay mayoría. La ventana de oportunidad se mide en semanas, no en meses.